El Super Niño y su posible impacto en el Chaco boliviano
Por Erika Rivero · 31 de July de 2026

Bolivia está bajo alerta meteorológica ante la posible consolidación del fenómeno conocido como Super Niño, que podría manifestarse durante el segundo semestre de 2026 y extenderse hasta inicios de 2027. Este fenómeno climático ha sido histórico en el país, con eventos previos en 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016, que han generado pérdidas significativas en el sector agropecuario y un grave impacto en las fuentes de agua.
Las proyecciones climáticas sugieren que las anomalías en la temperatura del océano Pacífico ecuatorial podrían superar los 2 °C, lo que afectaría directamente la circulación atmosférica y modificaría los patrones de lluvia y temperatura. En el Chaco boliviano, que abarca partes de Tarija, Santa Cruz y Chuquisaca, se prevé una reducción drástica de las precipitaciones, lo que podría agravar la escasez de agua para consumo humano y limitar la producción agrícola y ganadera, además de aumentar el riesgo de incendios forestales.
Las condiciones actuales en el Chaco muestran un aumento de temperaturas y una notable escasez de lluvias. Municipios como Villa Montes, Yacuiba y Caraparí se encuentran en riesgo de enfrentar meses con temperaturas superiores a lo normal y precipitaciones inferiores a las esperadas. Esta situación propicia la propagación de incendios y dificulta la recuperación de fuentes de agua, tanto superficiales como subterráneas.
Las autoridades han hecho un llamado a la población para que tome medidas preventivas, como el uso responsable del agua, la denuncia de focos de incendio y la limpieza de franjas cortafuego. Asimismo, los productores agropecuarios deben prepararse para enfrentar posibles sequías prolongadas y evaluar estrategias ajustadas a estas condiciones adversas.
La recurrencia de fenómenos como El Niño ha marcado un patrón devastador para el Chaco en las últimas décadas, donde temperaturas que superan los 40 °C y la reducción de lluvias han traído consigo pérdidas millonarias y un desabastecimiento crítico. Esta vulnerabilidad expone a las comunidades locales a crisis recurrentes, dejando en evidencia la necesidad de infraestructura adecuada y planes de adaptación climática para el futuro.
Los especialistas del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) continúan monitoreando la situación, identificando las anomalías en las temperaturas y evaluando su posible impacto en el clima del país. La vigilancia de estos fenómenos, impulsada por organizaciones internacionales como la Organización Meteorológica Mundial, es crucial para anticipar y mitigar sus efectos en la población y el medio ambiente.
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