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Sociedad

Alarma educativa: Estudiantes llegan a universidades con carencias fundamentales, según The Economist

Por Susana Becerra · 29 de July de 2026

Un reciente análisis publicado por el semanario británico The Economist, respaldado por datos de la OCDE, ha puesto de manifiesto una creciente preocupación en el ámbito educativo. Cada vez más estudiantes ingresan a la educación superior sin poseer las competencias básicas necesarias para triunfar en su trayectoria académica, lo que afecta tanto a instituciones de menor prestigio como a universidades de renombre mundial como Harvard y la Universidad de California.

Los datos son alarmantes: en las naciones de la OCDE, alrededor del 8% de los estudiantes universitarios obtienen resultados en lectura equivalentes a los de un niño de diez años, mientras que en matemáticas, las cifras son igualmente preocupantes. Este fenómeno se ha intensificado en la última década, donde el número de alumnos con habilidades de lectura muy deficientes se ha más que duplicado, indicando una tendencia global de deterioro en la educación.

Particularmente en Estados Unidos, la situación es crítica. Más de 1.800 docentes de la Universidad de California firmaron una carta abierta expresando su preocupación por la falta de conocimientos básicos entre los estudiantes de primer año. Se estima que un 70% de estos jóvenes no alcanza el nivel educativo esperado para un adolescente de 14 años, y el número de estudiantes con graves deficiencias en matemáticas se ha incrementado drásticamente en solo cinco años.

En Harvard, los profesores se han visto forzados a modificar sus métodos de enseñanza, reduciendo la longitud de los textos requeridos debido a que los estudiantes modernos luchan por completar obras literarias o por entender prosa compleja, algo que era manejable hace apenas una década. Un elemento clave de esta crisis es la notable disminución en el hábito de leer por placer; en los años 90, un 60% de los niños de nueve años leían por diversión, pero hoy esa cifra ha caído al 37%.

Aunque el impacto de la pandemia de COVID-19 y el cierre de escuelas durante un promedio de 20 semanas ha exacerbado el problema, los expertos coinciden en que la decadencia en los niveles educativos comenzó mucho antes de 2020. Entre las causas identificadas están el uso excesivo de dispositivos digitales y redes sociales, que dificultan la atención sostenida, además de un cambio cultural que favorece los contenidos breves en detrimento de textos más elaborados.

Las universidades no son ajenas a esta crisis; algunas han contribuido a ella mediante la inflación de calificaciones y la eliminación de pruebas estandarizadas como el SAT o el ACT. En Yale, por ejemplo, el 79% de las calificaciones del ciclo 2022-23 fueron A o A-, lo que desvirtúa la evaluación como un indicador de excelencia. La falta de rigor académico, junto con la presión por mantener los niveles de matrícula, ha transformado el proceso de admisión en una “caja negra” poco fiable.

Por si fuera poco, la llegada de la Inteligencia Artificial ha facilitado un fraude generalizado que oculta las carencias reales de los estudiantes. Se estima que el 94% de los universitarios británicos utiliza herramientas de IA para realizar sus trabajos, lo que ha llevado a un aumento en las calificaciones más altas en áreas donde la IA puede sobresalir, como la escritura y la programación.

Este contexto plantea un riesgo significativo: la posibilidad de que las instituciones académicas se resignen a no exigir habilidades básicas, creando una población cada vez más desinformada y menos crítica.

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