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El desierto de Atacama se viste de flores gracias a El Niño

Por Susana Becerra · 22 de September de 2026

Un vibrante y poco común manto de flores ha cubierto el desierto de Atacama, en el norte de Chile, tras las intensas precipitaciones invernales generadas por el fenómeno de El Niño. Este desierto, conocido por ser uno de los más secos del planeta, ha visto renacer la vida bajo la superficie árida, donde miles de semillas y bulbos de aproximadamente 200 especies aguardan la llegada del agua para florecer.

Entre las especies que han comenzado a brotar en el desierto se encuentran los suspiros blancos y las patas de guanaco, que están creando extensas áreas de color violeta. Esta transformación ha atraído a numerosos turistas, quienes han aprovechado la oportunidad para capturar la belleza del paisaje, que a veces se complementa con arcoíris sobre el horizonte.

César Pizarro, jefe de conservación de biodiversidad de la Corporación Nacional Forestal chilena (Conaf), destaca que las lluvias en esta temporada han superado los 180 milímetros en algunos sectores, un récord histórico para la región. "Estos montos son excepcionalmente altos y nunca se habían registrado".

El fenómeno de El Niño ha contribuido a que el desierto, que se localiza a unos 800 kilómetros al norte de Santiago, alcance su máximo esplendor en octubre, con una extensión prevista de alrededor de 15,000 hectáreas, lo que lo convierte en uno de los más significativos en la historia del desierto florido.

Sin embargo, este fenómeno también ha desencadenado fuertes lluvias, que entre el 16 y el 22 de julio dejaron un saldo trágico de 13 fallecidos y cerca de 4,000 viviendas afectadas en el norte de Chile. El Niño, que ocurre cada dos a siete años, incrementa las temperaturas del océano Pacífico y provoca cambios climáticos globales.

Pizarro subraya que el desierto florido va más allá de la mera aparición de flores; depende de un ecosistema donde intervienen insectos, aves y otros seres vivos. Por ejemplo, las abejas son esenciales para la polinización de las plantas, y los escarabajos ayudan a fertilizar el suelo con sus desechos, creando un ciclo vital.

Ante la afluencia de turistas a la región, Pizarro hace un llamado a cuidar este patrimonio natural, pidiendo que los visitantes respeten los senderos establecidos y eviten llevar mascotas, para proteger la fauna local. "El desierto florido es un orgullo y forma parte de nuestro patrimonio", concluye, mientras los brotes amarillos emergen entre la arena.

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