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Nueva Zelanda avanza hacia el reconocimiento de derechos para las ballenas

Por Liseth Cortez · 29 de July de 2026

En Nueva Zelanda, un innovador proyecto de ley busca otorgar a las ballenas el estatus de personas jurídicas, lo que podría transformar drásticamente la forma en que se protege a estos cetáceos y, potencialmente, influir en la conservación global.

La propuesta, nombrada Tohorā Oranga, se basa en la cosmovisión maorí que considera a las ballenas como antepasados sagrados. En 2024, el entonces rey maorí Kiingi Tuheitia y otros líderes indígenas firmaron una declaración que solicitaba este reconocimiento, destacando la urgentísima situación de estos animales en nuestras aguas.

Si el proyecto es aprobado, las ballenas tendrían derechos específicos, lo que les permitiría migrar, conservar sus hábitats y recibir protección legal contra amenazas como la contaminación, el ruido submarino y las colisiones con embarcaciones. Cabe recordar que, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, seis de las trece especies de ballenas actualmente enfrentan un alto riesgo de extinción.

Este avance legal se enmarca en un contexto donde Nueva Zelanda ya ha reconocido la personalidad jurídica de otros elementos naturales, como el río Whanganui y el monte Taranaki, abriendo un camino hacia una nueva concepción de los derechos de la naturaleza en el ámbito internacional.

Los defensores de los derechos oceánicos han celebrado este proyecto, considerando que representa un momento histórico en la intersección entre la protección marina y los derechos indígenas. La iniciativa, respaldada por evidencias científicas sobre la inteligencia y el papel ecológico de las ballenas, busca cambiar nuestra relación ética con el entorno natural.

El reconocimiento legal de las ballenas no solo podría transformar la forma en que interactuamos con el océano, sino también impactar en industrias como la pesca y el transporte marítimo, obligándolas a reconsiderar sus prácticas ante la violación de estos nuevos derechos. De esta manera, la propuesta de Nueva Zelanda puede ser vista como un paso hacia la reconciliación entre los intereses humanos y la salud de los ecosistemas marinos.

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